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18 septiembre 2004
El dilema del prisionero
La teoría de juegos se usa para analizar comportamientos estratégicos donde hay dependencia mutua, es decir, donde hay que tener en cuenta el posible comportamiento de otros. Un ejemplo es el famoso “dilema del prisionero”, que suele atribuirse a A. W. Tucker (profesor de Nash). No es el único posible modelo de "dilema", pero es el que despierta más fascinación. Dos sospechosos son detenidos en cercanías del lugar de un crimen y la policía comienza aplicar las técnicas de interrogatorio por separado. Cada uno de ellos tiene la posibilidad de elegir entre confesar acusando a su compañero, o de no hacerlo. Existen por tanto cuatro posibilidades, que se pueden reflejar en una tabla de alternativas: que ninguno defraude, que lo hagan los dos, que lo haga el primero o el segundo. Si ninguno de ellos confiesa, entonces ambos pasarán un año en prisión. Si ambos confiesan y se acusan mutuamente, los dos irán a prisión por 10 años cada uno, pero si sólo uno confiesa y acusa a su compañero al implicado le caerán 20 años y el acusador saldrá libre por colaborar. Ya que las decisiones son independientes, y dado que el objetivo de cada uno es lograr el máximo beneficio personal(aparentemente), lo racional es defraudar. Pero si los dos se comportan racionalmente, ambos recibirán un castigo diez veces superior a que si no lo hicieran... El dilema del prisionero se usa como ejemplo del clásico conflicto entre los intereses individuales y los colectivos de quienes toman decisiones, y también para justificar los beneficios de la colaboración. Por ejemplo, si en un entorno laboral se actúa de forma poco colaboradora, con objeto de proteger el propio puesto, existe el riesgo de que a la larga nadie conserve su puesto, al fracasar los proyectos. Sin embargo, en las grandes organizaciones (y en la propia sociedad) la influencia del propio comportamiento sobre el éxito total puede ser baja. Si nadie coopera ¿por qué cooperar? (esta estrategia explica la suciedad de algunos sitios públicos...) Y si todos cooperan ¿por qué cooperar? (esta es la estrategia de muchos gorrones). Si se aplica este problema de forma repetida a un colectivo, las estrategias se hacen más complejas. Es paradójico, pero puede justificarse que muchas de las actitudes cooperativas de los seres humanos (y de las organizaciones) se explican por la naturaleza egoísta de éstos.Posted on septiembre 18, 2004 in metáforas | Permalink
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