« Industria musical | Inicio | La juventud exige "Operación Manguitos" ya! »

08/03/05

reuniones

De todas estas cosas he sido testigo en reuniones:

En una reunión interdepartamental se decidía quién se haría cargo de la participación en ciertos proyectos. Uno de los agraciados, disconforme, se levantó. Sacó una caja de su chaqueta, y lanzó los preservativos que llevaba dentro encima de la mesa gritando: “¡Si queréis joderme, hacedlo con seguridad!”

Un gato entra en la sala. Da una vuelta a la mesa lentamente, e insatisfecho, nos deja. Qué envidia.

El experto tecnólogo que se han traído estos provedores no sólo se ha descorbatado, arremangado y desabrochado excesivos botones de la camisa, se ha quitado los zapatos y se ha arremangado también los pantalones y bajado los calcetines hasta el puente del pie, y los agita bajo la mesa. Es duro mantenerse serio.

Pensamos que A., un consultor con el que trabajamos en Brasil, tenía un problema, pero nunca le llegamos a preguntar. Se comía siempre TODOS los caramelos que hubiera en la sala de reuniones, masticándolos, sin pudor y sin pausa. Hablo quizá de centenas de caramelitos. Trabajaba entre las montañitas de envoltorios que iba dejando. Tras las primeras reuniones, terminamos retirando los caramelos de las salas y despachos. 

La de “small chicken, enemy of franco” ya la conté en un post sobre nuestro inglés.

Dos muy altos cargos de una misma empresa eran esperados en la reunión. Sabíamos que estaban en el edificio, pero una hora después de la convocada aún no habían aparecido. Por complicidad con sus secretarias descubrimos que: ¡ambos habían dicho que hasta que no estuviese ya el otro, no pensaban bajar!. Finalmente, las secretarias convencieron a cada uno de ellos que el otro ya estaba bajando, y así logramos que bajaran ambos.

En un país a cuatro horas de avión. Llevo una hora escuchando pacientemente la justificación de un director financiero de que mi empresa tiene una deuda con la suya porque se liquidaron irregularmente ciertas cuentas seis años antes. Ya me temo largas reuniones con nuestra contabilidad y control presupuestario. Tras unas cuantas hojas de cálculos llegamos al clímax: el importe. Total: unos 40 dólares. No puedo evitar reír y hacer además de pagar en el momento, pero el Director General de la otra empresa me sujeta. Grita al otro algo que traducido es así como “estás meando fuera del tiesto”. Horas después, el financiero, en un aparte, me coloca de nuevo todo el dossier.

En una larguísima reunión con sudafricanos en Madrid, hacemos un paréntesis para comer. En la conversación, como no, salen las costumbres nacionales, como la siesta, de la que tenían entendido que implicaba que caíamos fulminados todos los días en nuestras propias mesas de trabajo. A la vuelta, el Sr. Martínez tropieza con unas baldosas sueltas de esas que dan un tono desenfadado a la ciudad. Intenta mantener el equilibrio, pero en determinado momento, siguiendo un reflejo de las artes marciales que a la sazón practicaba, cae de forma controlada. Se le acerca uno de los visitantes, que en lugar de tenderle la mano se pone en cuclillas y le dice: "Mr Martínez: Spanish siesta?"

No diré de qué país eran, pero eran jóvenes y nos resultaban simpáticos, así que decidimos invitar a tomar algo por la noche a estos colegas, para que conocieran también algo de la marcha de Madrid, aunque fuera martes. Antes de aceptar, nos comentaron que tenían que decidirlo entre ellos. Nos extrañó, pero pensamos que quizá tenían algún otro plan. A la media hora aceptaron. A las tres y media de la mañana, de vuelta al hotel y contentos, nos confesaron que creían que nuestra oferta estaba relacionada con la prostitución, porque claro, un martes... Pero que lo habían pasado muy bien y que estaban aliviados de que no hubiera sido así. Me hubiera gustado asistir a la media hora de deliberaciones.

Antes de una reunión en un país africano con el vicepresidente de una de sus más importantes compañías, éste me solicitó vía fax que le llevara de España “unas barras de salchichón y una funda de cuero para una pistola”. Cuando en la reunión en su despacho se lo entregué, apareció no se de dónde la pistola y comprobó que no entraba bien en la funda. Así que, para tener más éxito en el siguiente viaje, sobre un papel dibujó con un bolígrafo el perfil de la pistola, mientras yo prudentemente me situaba tras él. Guardo fax y silueta, por si alguien no me cree.

Otra en África. En medio de la reunión, nuestros interlocutores deciden que sería buena idea visitar al ministro. Salimos a la calle y cruzamos unas manzanas y llegamos a una especie de colegio mayor donde están los ministerios. Una señora gorda en la entrada pega unos gritos a nuestros acompañantes, pero éstos le convencen. Nos recibe en una pulcra sala un amable anciano que al final me coge del brazo y me da recuerdos para Juan Carlos y Sofía.

Estas son las batallitas que recuerdo de un tirón. Para que luego digan que las reuniones son aburridas.

Posted on marzo 8, 2005 in cuaderno de campo | Permalink

TrackBack

URL del Trackback para esta entrada:
http://www.typepad.com/t/trackback/1961881

Listados abajo están los enlaces de los weblogs que le referencian reuniones:

» Va de reuniones desde Crnicas Madrileas
Altamente hilarante la recopilacin de diferentes ancdotas de reuniones del Sr.Martnez de ESTRATEgA. Por ejemplo: En una largusima reunin con sudafricanos en Madrid, hacemos un parntesis para comer. En la conversacin, como no, salen las ... [Leer más]

Seguido el 01/09/2005 22:32:56

Comentarios

Señor Martínez, yo quiero trabajar con usted. Lo que me he reído con este post ;)

Publicado por: Pablo Martínez-Almeida | 08/03/2005 10:06:34

Yo tengo una anécdota "similar" a la del gato.

En Brasil, resolviendo una gestión en el notario, "cartorio" le llaman allí, se coló un mendigo *dentro* de la notaría y se dió una vuelta por ella, incluyendo la mesa en la que estábamos reunidos nosotros, pidiendo algo. "Não tein nada" le dije en mi mejor portoñol, se marchó y continuamos con lo que estabamos hablando, como si nada hubiera pasado.

Tarde unos segundos en darme cuenta de lo surrealista de la situación, pero a nadie pareció extrañarle.

Publicado por: Dani | 08/03/2005 11:16:06

Parece apasionante, no tienes un hueco en tu oficina para mí, aunque sea llevando cafés! A ver si dentro de unos años, puedo escribir un post parecido en el que cuente mis anécdotas.

Por cierto, los chicos jóvenes aceptaron, luego... ;)

Publicado por: PABLO LANCRY | 08/03/2005 11:48:29

Realmente impresionante.

XDXDXD

Publicado por: Palimp | 08/03/2005 11:56:27

Dani, el mendigo estaría por allí para actuar de testaferro en alguna operación. Y ya de paso intentaba sacarse un extra ;)

Publicado por: Pablo Martínez-Almeida | 08/03/2005 12:10:16

Yo los hubiera dosificado... todo esto daba para un mes entero de posts!!!

Publicado por: Consultor Anónimo | 08/03/2005 12:35:21

Hola a todos:

Esas reuniones si son divertidas caray. No me extraña que luego el consultor anonimo hable del glamour que teneis en vuestros trabajos. Por cierto, lo mejor lo de la "spanish siesta" a pesar de la caida.
Saludos a todos.

Publicado por: wallenstein77 | 08/03/2005 13:38:33

Yo también he pensado en ese post del "glamour". Creo que el Sr. Martínez debería, en otra ocasión, poner "el lado oscuro" de todas y cada una de esas reuniones: el viaje a destiempo a Brasil, las mil presentaciones necesarias "para ayer" antes de hablar con el ministro africano, el tiempo perdido esperando a los directivos que no aparecían, el motivo por el que el consultor se zampaba los caramelos presa de la ansiedad... o la profesión anterior del mendigo.

En fin, no sé, que no es oro todo lo que reluce!!

Publicado por: Consultor Anónimo | 08/03/2005 16:34:23

Afortunadamente hay gente que se queda con las cosas interesantes de la vida y no lo ve todo negro...

Publicado por: Guillermo | 08/03/2005 21:55:52

Publicar un comentario