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El manual del estratega
Rafael Martínez Alonso

Lo que hacen los buenos estrategas y que tú también deberías estar haciendo



 

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AAA: "Anticipación, Adaptación, Acción"

AAA o "triple A" es el "mapa mental" que vertebra "El Manual del Estratega". Inspirado en la "ley del cambio" de Jorge Wagensberg, físico que ha estudiado las teorías de la complejidad, lo aplico a la estrategia y a la gestión empresarial. Son las tres armas estratégicas contra la incertidumbre. No hay más.

Hace unos días he publicado una columna en varias cabeceras regionales del grupo Vocento (El Norte de Castilla, Diario Montañés, Diario Vasco, Correo Español, Ideal de Granada, Las Provincias, Hoy Extremadura, Sur, El Comercio), comprimiendo en pocas líneas lo que AAA representa.

Este es el texto, al que adjunto una figura con algunas de las preguntas que cada organización debería responder para ser consciente de todo su potencial ante la incertidumbre.

AAA

Hay una pregunta que los pretendemos saber algo de estrategia odiamos: “tú, si eres tan listo, ¿cómo es que no eres rico?”. También pasa en las mejores empresas. En 1993, IBM anunció los peores resultados empresariales de la historia de EE.UU. Su nuevo presidente ordenó rastrear en los archivos veinte años de análisis estratégicos para intentar entender qué pasó. En sus propias palabras, todo podía resumirse en: “lo vimos venir” y “no cambiamos nada”.

Es decir, para triunfar, además de ser listo, es necesario hacer cambios. Cambiar dentro sirve para adaptarse, hacer cambios fuera para influir. Puesto de otro modo, sólo se puede vencer a la incertidumbre combinando tres palancas: anticipación, adaptación y acción sobre el entorno. A eso me gusta llamarlo AAA o “triple A”.

Cómo se haga AAA define la estrategia. Por ejemplo: un conejito está siempre a la escucha para anticipar peligros, está adaptado pues tiene buenas patas para correr cuando llegan y actúa sobre el entorno cavando madrigueras para esconderse. Su estrategia es de “presa”, siempre paranoica. En contraste, un depredador duerme donde quiere, aunque hay días que no come. Es otra estrategia. Del mismo modo, en las empresas he identificado cinco “estilos de hacer estrategia” típicos según AAA: héroe, solucionador, profesional, darwinista o del cambio.

Anticipar es verlas venir, los estudios de mercado o la planificación ayudan a ello. Adaptarse es hacer cada día que el negocio se acerque más a cómo debería ser. Es una carrera sin fin, en la que van cayendo los menos eficaces y eficientes. Actuar sobre el entorno tiene varias vías: el marketing, la innovación que cambia las reglas del juego, las alianzas… Hay quien piensa que está sólo al alcance de las empresas grandes pero no es así, porque la fuerza puede suplirse con creatividad y perseverancia. Como decía la fundadora de Body Shop, “si crees que eres demasiado pequeño para producir algún impacto, trata de dormir con un mosquito en la habitación”.

AAA

 

 

Publicado el 26 abril 2013 en 2T | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)

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Ser competitivo en la era digital

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El nuevo número de Economía Exterior (#EcoExt64) está dedicado a analizar las claves de la era digital y la Sociedad de la Innovación: gobernanza de la Red, revoluciones conectadas, realidad aumentada... Mi artículo trata de las nuevas claves de la estrategia cuando el entorno competitivo está mucho más digitalizado y conectado:

 


El modelo de negocio basado en publicidad tiene limitaciones, los reguladores comienzan a entender el impacto de las nuevas prácticas, lo local recobra importancia y pronto será clara la diferencia entre las empresas que se modernizan y las que no. Empezamos a entender el cambio.

 

La explosión de las tecnologías de la información y las comunicaciones ha coincidido con la globalización. A diferencia de otras transiciones, esta está sincronizada mundialmente. Gracias a esta tormenta perfecta, las personas, las organizaciones y hasta las cosas están ahora mucho más conectadas. Por definición, eso significa que el entorno es más complejo y por tanto, menos predecible.
Surge una sospecha, la de que en la mayoría de las empresas las nuevas posibilidades solo se habían usado para acelerar lo viejo. Un buen ejemplo es el de la “oficina sin papel”. Se suponía que los ordenadores eran aliados de los árboles. Al persistir las prácticas antiguas, nos convirtieron a todos en pequeños impresores y multiplicaron el consumo de celulosa.

Curiosamente, las empresas van detrás de las personas en este cambio, quizá por la inercia y los procesos heredados, quizá porque la responsabilidad suele estar asociada a mayor edad. Cuando un niño entra en una escuela o un empleado en su oficina, muchas veces sienten que retroceden al pasado. En las casas ya no hay enciclopedias, la nube sustituye a las estanterías, en los coches nuevos no hay mapas y el Instituto Nacional de Estadística (INE) afirma que más de la mitad de los solteros españoles busca pareja en Internet. Cuando lo digital en la empresa se vea como algo natural cuyas posibilidades se dominan, irán cambiando las propuestas de valor, las formas de producir y las estrategias competitivas de las empresas. Veamos cómo.

 

Algunas notas sobre esa extraña materia que es lo digital  

Vino la revolución industrial y tras ella Henry Ford, y el mundo dio el salto de la artesanía a la escala. La idea del negocio como “una gran fábrica que produjera barato” funcionó hasta que la gente tuvo de todo. Desde 1960 el mantra fue: “llegar más cerca y más lejos”: la distribución y la globalización. Todo esto cambia con una economía cada vez más basada en la información digitalizada:

– No hay límites. El principal soporte físico de la economía de la información, el silicio, es el segundo elemento más abundante en la Tierra. El principal soporte no físico, la creatividad, es ilimitada.

– Todos los productos son servicios. Los productos embeben información, y mucho más si están conectados. Un ejemplo: muchos ascensores traen sensores que automáticamente alertan al servicio técnico. Se funde lo que hacía venderse un producto: precio puntual, la calidad y la conveniencia, con lo que hace venderse un servicio: la personalización y la construcción de la relación.

– Cambia la noción de coste. Como producto, la información se comporta de forma extraña. No se desgasta al utilizarse. Mucha gente puede usarla al mismo tiempo. Es fácilmente manipulada y transportada… Se empieza a asumir algo impensable hasta ahora: la posibilidad de “coste marginal cero”. A una empresa de software le cuesta lo mismo vender una aplicación en Internet que 100 millones. Es como si solo costara la primera copia. Dado que ser gratis es mucho más atractivo para un cliente que lo que cuesta poquísimo, muchas empresas digitales se las arreglan para serlo o parecerlo. Pueden recurrir a la publicidad, a confiar en que un porcentaje de clientes pase a pagar por prestaciones superiores o a otras estratagemas.

– Cambia la noción de distribución y conveniencia. Las leyes de la información hace que ahora sea factible vender menos de más. La long tail (larga cola) es un término acuñado por Chris Anderson que encierra una paradoja: la accesibilidad hace que el beneficio se concentre en pocos éxitos, pero también permite encontrar contenidos y productos minoritarios. Por ejemplo, Amazon se concentra en la “larga cola” de libros que no son superventas. Sus principios son (1) Haz que todo esté disponible (2) Ayuda a la gente a encontrarlo.

 

Las nuevas propuestas de valor

Las propuestas de valor de las empresas tendrán que cambiar porque lo digital está cada vez más presente en la vida de las personas. Las cosas han cambiado mucho desde que en 1985 se registrara el primer dominio de Internet. Cada minuto hay 1.300 nuevos móviles, se publican 100.000 tuits, se descargan 50.000 aplicaciones y se hacen dos millones de búsquedas. El 90 por cien de las personas no se separan nunca a una distancia mayor a un metro de su móvil. En India, hay más personas con acceso al móvil que al agua potable. En 2011, por primera vez, la venta de teléfonos inteligentes superó a la de ordenadores.

Los consumidores son muy conscientes de la importancia de estar conectado: acceden a una explosión continua de contenidos, compran mejor y han desarrollado un nuevo apetito por la innovación y el servicio mejorado que permiten los sistemas de información potentes. Los nuevos clientes: 

– Tienen más expectativas. Atención rápida, disponibilidad digital, simplicidad, upgrades regulares, uso intuitivo, transparencia y sobre todo, ser tratado como un individuo y de igual a igual por las corporaciones. Cualquiera de estas cosas que falte, creará un cliente irritado y un solo cliente irritado puede ser peligroso. En las redes sociales, los clientes pueden ser “apóstoles” de los productos o “terroristas”.

– Tienen más poder. El consumo ya no es pasivo, sino activo. Están conectados y son rápidos. Están al mando de cuándo, dónde y cómo acceder al vendedor. Pueden agruparse y negociar. Son capaces de “co-crear” con las empresas o manipular sus productos de formas no predecibles.

 

– Ofrecen nuevas oportunidades para las empresas inteligentes. Los clientes digitales tienen muchas opciones y poco tiempo. Las marcas, como siempre, acuden al rescate en esas situaciones de duda. No hay que olvidar que en estos años hemos sido capaces de “descomoditizar” el café y el agua. Asimismo, las marcas pueden hacer uso de comunidades en las que, entre otras cosas, los clientes se resuelven problemas entre ellos. Las empresas también pueden adoptar papeles de simplificador, gestor, seleccionador o guardián porque algunos clientes están desbordados por la información, y preocupados por su seguridad y privacidad.

 

El nuevo ADN de las empresas

Podemos imaginar que cualquier empresa es una “máquina de crear valor”, con recursos, procesos y sistemas. Los beneficios de la digitalización comenzaron a notarse a partir de los años noventa. Se comprobó que un 10 por cien más de empleados con ordenador aumentaba la productividad total de una empresa un dos o tres por cien. O que una transacción bancaria habitual costaba más de un euro si se realiza en ventanilla y menos de dos céntimos si se hacía por Internet. Desde 2000 se empezó a asociar la mejora de la productividad al triplete conectividad, informática y nuevos “profesionales del conocimiento”.

Como decía, las transformaciones pendientes irán más allá de hacer más rápido, eficiente y completo lo mismo que se hacía antes. Superarán la fase en la que lo viejo es asistido por lo nuevo, para hacer algo distinto o mejor. Es decir, innovar. Aquí ocurre algo curioso: un director general puede decidir comprar empresas, cambiar procesos, recortar empleos, mejorar la calidad o bajar precios, pero no puede decidir que se sea innovador. Hay un factor visionario y una cierta cultura de empresa que se han traer de origen o instalar con perseverancia. El liderazgo será un reto esencial de esta etapa, así como las nuevas formas de trabajar y organizarse. Ya están surgiendo organizaciones en red. Estas fomentan a la vez la colaboración y la iniciativa individual. Google es conocido por reservar un 20 por cien del tiempo laboral a proyectos propios de cada empleado.

En contraste, los trabajos no basados en conocimiento se resentirán. Un indicio: el fabricante taiwanés Foxconn tiene planes de sustituir un millón de trabajadores por robots, cuyo despliegue ya ha comenzado.

 

Para cada negocio no digital hay una bala digital

Un resumen de lo dicho hasta ahora es que hay dos elementos que siempre sobrepasan la simple aplicación de la tecnología: (1) la obsesión por entender, satisfacer y maravillar al cliente (2) saber alinear en pos de un objetivo la energía creativa de las personas. 

Otro factor del éxito en los negocios es la competencia con otros, y sus reglas también son cambiadas por lo digital. Según The Economist Intelligence Unit, seis de cada 10 líderes industriales creen que la competencia se parecerá poco en 2020 a la actual. Hay buenos motivos para pensarlo, pero pocas pistas para averiguar cómo será. Algunas empresas ya han recibido el disparo digital. Por ejemplo, la industria musical vio caer sus ingresos a menos de la mitad entre 2000 y 2009.

Más vale anticiparse en lo posible. Dos implicaciones de la nueva competencia digital son obvias:

– El dinamismo. La radio tardó 38 años en alcanzar 50 millones de usuarios, la televisión 17, la web cuatro, Facebook dos. Una start-up como Instagram alcanzó 100 millones de usuarios en solo dos años. Esta velocidad se une a cierta impredecibilidad. El entorno tecnológico parece un casino y no siempre triunfa la propuesta más sofisticada o de mejor servicio.

– La ventaja de los que son excelentes en software y en experiencia de usuario. Eso lleva a una competencia por el talento: algunas empresas ofrecen entornos de trabajo asimilables a resorts de lujo, reservan grandes salarios e incluso orientan su actividad de M&A (fusiones y adquisiciones) en la compra de start-ups con desarrolladores destacados. El dinamismo del clúster tecnológico de Silicon Valley ha contribuido al dominio norteamericano en los rankings de las principales empresas digitales.

 

El futuro de la competencia digital y los cuatro gigantes digitales

El escritor de ciencia ficción William Gibson dice: “el futuro ya está aquí, sólo que desigualmente repartido”. Si el futuro de la competencia en la era digital tiene trazas en el presente, probablemente se encuentren en la lucha que enfrenta a algunas de las empresas más significativas del mundo de la tecnología e Internet, como Apple, Google, Facebook y Amazon. Todas son compañías privilegiadas por los inversores. Aparecen en los rankings de compañías más innovadoras o admiradas. Han sabido dejar atrás a los líderes de diferentes industrias que se han cruzado en su camino, ya sean Hewlett Packard, Microsoft, Myspace, Sony, Nokia… 

Apple volvió a realizar con los smartphones y tabletas la hazaña que ya logró con el diseño del factor de forma del PC. Google es la principal puerta de acceso a la información mundial. Facebook une a la séptima parte de la humanidad. Amazon ha cambiado la distribución, tanto en logística como en la forma de asociar conocimiento a los artículos.

Han logrado mucho pero aspiran a más. Son ambiciosas y con visión de largo plazo. Estas empresas ganan dinero de formas distintas y tienen objetivos distintos, pero no obstante compiten entre sí de forma peculiar, con patrones que anticipan la nueva competencia digital: 

(1) La atención de los usuarios es un recurso escaso. La publicidad es el motor de negocio de muchas iniciativas por su versatilidad. Puede monetizar cualquier aplicación simplemente con atraer la atención de los usuarios, sin necesidad de facturar directamente. El problema es que el tiempo humano es limitado y todos compiten por los ojos, los eyeballs, por su número y el tiempo que pasan en sus sitios.

Esta es la explicación de la dura competencia entre Google y Facebook. La publicidad es el 85 por cien de los ingresos de Facebook y el 96 por cien de Google. En EE UU, en diciembre de 2009, Facebook ya había superado a Google en tiempo de uso por cada visitante. Si Google es la mejor “agencia de viajes”, Facebook es el mayor “club” de Internet. El futuro del marketing online podría estar fuera de las búsquedas personalizadas, y apoyarse en mecanismos sociales. Además, Facebook tiene más capacidad de obtener información de los usuarios, y también de hacer propuestas a los usuarios, lo que permite acciones de marketing más sofisticadas. La lucha dista de estar resuelta y Google hará valer su capacidad de innovación, su músculo financiero y su mejor posición en el móvil.

(2) El ganador se lo lleva todo. Como en la película Los Inmortales, parece que “solo puede quedar uno”. Choca que pueda hablarse de “cuasi monopolios” en los fluidos mercados digitales. Pero ocurren. Una buena referencia es la trayectoria de Microsoft. Aún hoy tiene el 90 por cien de los sistemas operativos en PC y amplios márgenes.

Los cuatro gigantes digitales han logrado posiciones de ganador en sus negocios básicos. Apple ha llegado a vender el 90 por cien de las tabletas y las dos terceras partes de la música online. Sin llegar a la cuota del 10 por cien mundial en ventas de teléfonos, ha mantenido las tres cuartas de los beneficios. Amazon vende el 60 por cien de los libros electrónicos. Google controla alrededor del 80 por cien de las búsquedas en Internet. Facebook es la red social mayoritaria y lidera el consumo de tiempo de los internautas.

Para entender la creación de estos “casi monopolios” es importante entender una fuerza de atracción: los “efectos de red”. La Ley de Metcalf dice que el valor de una red se incrementa con el cuadrado de sus conexiones. El primer fax o la primera dirección de e-mail eran inútiles, pero el atractivo aumentó según se añadían más. Internet es fluida y poco regulada, y el encanto de conectarse al punto donde se pueda acceder al máximo de usuarios es irresistible.

Otras fuerzas retienen, no atraen. Existen fenómenos de lock-in de clientes, que los tienden a mantener cautivos a las primeras soluciones que adoptan. Cuando un coche queda viejo y te apetece cambiar de marca sabes que no es necesario comprar nuevas maletas porque las viejas no encajan en el maletero, ni hacer obra en el garaje, ni aprender a conducir de forma distinta. Sin embargo, cambiar el ordenador del trabajo de un sistema operativo a otro puede ser un auténtico suplicio… En la era digital salir de un proveedor tiene costes ocultos. Ese es uno de los secretos de Microsoft para mantener su liderazgo absoluto en software de escritorio, pese a no ser ni el mejor ni el más económico.

Naturalmente, el riesgo es creer que conseguirás masa crítica, invertir más allá de lo razonable y equivocarte.

(3) Se compite y se coopera a la vez. En el mundo digital, el valor de un servicio suele depender de otros. Una misma empresa puede ser proveedor y competidor, aliado o enemigo.

Hay un principio en economía: la demanda de un producto aumenta si el precio de un complemento disminuye. Por ejemplo, si baja el precio de la gasolina y de los coches, habrá más gente que viaje durante el fin de semana a los hoteles de la playa. Si eres Google, que como los hoteles busca visitas, tratarás de que el precio de los móviles (que en la analogía pueden ser los coches) sea lo más barato posible para aumentar tu atractivo. La forma de conseguirlo es entrar en esos negocios incluso asumiendo pérdidas. Interesa que tus complementos estén en competencia para que sean variados, económicos y tengan incentivos para mejorar. Parte de lo “gratis” de Internet se debe precisamente al intento de hacer monopolio de lo propio y “comoditizar” el resto.

He ahí la explicación de que Google ponga en manos de los fabricantes de teléfonos un sistema operativo (Android) que compita con el iOS de Apple. Google temía que el dominio de Apple en los teléfonos inteligentes les llevara a inducir a los clientes a usar su propia solución o a pedir un peaje inadmisible. Su monetización es indirecta y defensiva.

(4) Las plataformas aumentan el propio valor. Una empresa de 3.000 empleados como Facebook no podría inventar todo lo que hay alrededor de Facebook. Lo que hace es unir a distintos participantes como usuarios, motores de búsqueda, anunciantes, desarrolladores, otros sitios sociales embebidos… y permitirles trabajar sobre su plataforma. Para ello utiliza unas conexiones a su sistema operativo, llamadas APIs, y crea facilidades y modelos de negocio para compensar a los desarrolladores. Los desarrolladores de software son de alguna forma partners pues tienen que hacer una inversión para estar, en tiempo y aprendizaje.

El caso del sistema iOS de Apple es similar. Actualmente hay unas 700.000 apps en la App Store. Apple facilita a los desarrolladores un entorno de trabajo y ciertos servicios, como la gestión de cobros o la publicidad. A cambio, participa en el intercambio económico, normalmente con un 30 por cien de comisión. Pero el auténtico valor está en que las aplicaciones “adornan” sus productos. Su propuesta de valor es conocida por sus anuncios: There is an app for that (hay una aplicación para eso). Un 80 por cien de su beneficio viene de productos que tienen su sistema operativo iOS. Apple no pretende ganar dinero en la plataforma, si no con la plataforma.

Las plataformas son un fenómeno complejo y tienen recorrido más allá del sector tecnológico. Son un punto de control vital, y más que una innovación, son una forma de crear innovación. Pueden tener impacto en la evolución de muchos sectores, según orbiten hacia los modos de lo digital, y las claves de éxito de fiabilidad y coste a opciones y flexibilidad.

Muchos han intentado ser el centro de estos sistemas, pero no es sencillo. Hay una larga lista de plataformas muertas o zombies. Se requiere capacidad de software, así como de gestión de comunidades.

 

Conclusión

 El mundo digital siempre se ha caracterizado por sorprender a los que han pretendido anticiparlo. Hace no mucho se pensaba que Apple desaparecería y no sería más que un pie de página en la historia de la tecnología. Sin embargo ha llegado a ser la mayor empresa del mundo por valor.

El cambio sigue. El modelo de negocio basado en publicidad muestra limitaciones para la expansión de muchas empresas de Internet a nuevas oportunidades, los reguladores comienzan a entender los impactos de las nuevas prácticas en la competencia, la inversión y los derechos de los usuarios, el factor local recobra importancia y comenzará a ser evidente la diferencia entre las empresas que se modernizan y las que simplemente se equipan. Empezamos a entender el cambio, pero ni las reglas de juego, ni los ganadores, están escritos.

Publicado el 21 abril 2013 en 2T | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)

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El honradizador de cargos públicos

En cierto modo es un alivio confirmar que los partidos que nos han gobernado durante décadas son proclives a la corrupción. Nuestro país, nuestras autonomías necesitan gente astuta a los mandos, que sepa defenderse de los ardides del extranjero. Si no, el gobierno italiano o el Comité Olímpico habrían usurpado el poder hace ya tiempo a nuestra joven e incauta democracia.

Otro impacto positivo del mangoneo es la burbuja inmobiliaria. Hemos protegido nuestro territorio contra tsunamis con una barrera costera infranqueable. Y cuando vengan los extraterrestres cargados de dones ¿dónde van a encontrar más pistas de aterrizaje que aquí?

Además hemos conseguido que durante años casi ningún emprendedor o empresario invirtiera en modernizar. Cualquier inversión palidecía ante las rentabilidades del ladrillo. Ahora, cuando nos pongamos, tendremos todo a la última y más barato. Como con las pantallas planas, el secreto es esperar.

Vale, mientras tanto muchos pueden haber sido perjudicados. Pero hasta dónde hubiéramos llegado cada uno de ser éste un país decente, nunca lo sabremos. Éste es un gran consuelo vital. Sería mucho peor que te vaya mal y encima creer que te lo mereces. Repetid conmigo “no estoy mal programado, es el sistema operativo”.

¿A qué debemos haber disfrutado de esta bendición? Un factor clave, en mi análisis, es el servicio doméstico. Todos los anuncios que veo en las farolas dicen algo así como “se ofrece señora seria, responsable, de confianza, con referencias”. El extraño atractivo que ofrecen las labores en el hogar al segmento de gente virtuosa ha sustraido a los cuadros políticos de la lacra de la integridad.

La gente lo sabe. Un 81% de los españoles creen que los partidos políticos son corruptos. Como hay cientos de miles de cargos dependientes de la política, supongo que el 19% que contesta que no lo cree son éstos más los próximos más los corruptores más las almas cándidas.

El problema es que la corrupción se nos está profesionalizando, y corre el riesgo de ser justa. Me explicaré. Un promotor confesaba en una entrevista que el mejor sitio para pagar sobornos era Marbella porque Jesús Gil era “un hombre justo”.  La cuestión es que pedía a todos los constructores lo mismo según lo  edificado. Tenía el soborno parametrizado. El promotor sabía que la torre de al lado no tendría mejores condiciones, y podía pagar tranquilo. En otros pueblos no pasaba eso y podías arruinarte porque el alcalde favorecía a otro más afín. Muy “edificante”.

Ese momento me di cuenta de que la corrupción industrializada se asemejaría a un sistema de libre mercado perfecto, que podría flexibilizar las leyes y acelerar los ritmos burocráticos, convirtiéndonos en un estado ultracompetitivo.  La corrupción competiría con ella misma y se haría virtuosa. Cualquiera podría comprar a cualquiera, superando en efectividad como método de gestión incluso al mito del management de la "organización en red". Sabríamos cuánto cuesta conseguir cualquier cosa y ésta se haría rápido y con esmero porque habría incentivos directos y poca fricción. La invasión política del sistema legislativo, judicial, medios, sindicatos... pasaría de ser un mal a multiplicar la eficacia y alcance de esta arquitectura. Para gestionar bien la corrupción, los partidos podrían incluso tener incentivos para poner en los puestos gente que supiera de qué iba el tema...

Sentí terror, pues es sabido que lo único que nos protege contra la burocracia es su incompetencia. Un poco más de corrupción y nos podíamos convertir en una especie de Silicon Valley gestionado por comunas amish menonitas. Sobre-cogedor, sin duda.

Corrupción



Había llegado la hora de actuar. Me puse a reflexionar sobre qué alternativas tenemos para intentar que un exceso de corrupción no alcance una masa crítica paradójica que nos haga como a esos países desaboríos cuyos ministros dimiten por plagiar un doctorado o intentar frenar una multa. Los políticos llevarían uniformes como los de la Fórmula 1, señalando a los esponsorizadores. Se darían poderes a la Comisión del Mercado de la Competencia u otro organismo regulador para que normalice la venta, compra, distribución y posesión de políticos de acuerdo a lo hecho en otras industrias. Habría venta de políticos para coleccionistas en la Plaza Mayor. Los partidos políticos saldrían a bolsa. Tendríamos en los bares máquinas expendedoras de favores y las recalificaciones de terrenos en eBay...

¿Cómo resolver este problema? ¿Cómo cerrar el grifo de la corrupción para mantenerla en los sanos niveles amateur que hemos disfrutado hasta hace poco? He sometido a análisis riguroso algunas alternativas, pero todas tenían inconvenientes:

  • Denunciar a los políticos que practiquen una corrupción limpia, esmerada, no caprichosa. Carísimo de identificar.
  • Sobornar a todos los políticos que haga falta hasta conseguir que firmen una ley anticorrupción. Riesgo de acelerar el proceso.
  • Contratar asesores que los encaucen y detectives que los vigilen. Seguramente evitaríamos que lleven antifaz y que hagan gestos gangsta de rapero en los mítines, pero más contrataciones de nuevo aceleran el proceso.
  • Votar a otros. Parecería lo ideal. La democracia tiene un sistema de regulación natural. Pero nos hemos acostumbrado al “y tú más” y al “son corruptos, pero son mis corruptos”. Son cosas de la tierra. Quizá no haya que resignarse, pero quedan unos años.

Mientras, y he aquí el propósito de este post, querría recabar su ayuda para un proyecto. El “honradizador de cargos públicos”.

No suelo comentarlo, porque todos me piden que configure su cacharrería, pero soy ingeniero de telecomunicación. No desvelaré mucho, pero es una máquina inspirada en los “detectores de mentiras” que se usan en los concursos televisivos.

Mediante ingeniería reversa he retrogradado las corrientes ampéricas, invirtiendo el flujo electrolítico. En la práctica, el político se sienta con los electrodos adheridos a su cuerpo, como es habitual en estas máquinas. Sin embargo, estos sensores, en lugar de medir su señal biológica, someten a su cuerpo a la señal que una persona honesta hubiera provocado en la bombilla del final del circuito. En definitiva, es un formateado del cargo público. Tengo aún que trabajar la intensidad idónea, aunque he visto resultados prometedores. Aunque he perdido a algún sujeto achicharrado tras someterlo al proceso, he notado que se detenía de raíz el comportamiento corrupto en los veían lo que pasaba. Supongo que por algún fenómeno de simpatía inalámbrica que he de investigar.

He intentado patentar el invento para monetizarlo, pero parece que los planos corresponden con alguna máquina en uso en penales norteamericanos. Por eso agradezco sus contribuciones, que pueden dejar en mi buzón.

Publicado el 07 febrero 2013 en 2T | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)

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El circo del bit

Supongamos que usted acaba de licenciarse y es una de las mejores mentes científicas o matemáticas de su generación. Supongamos que, por esas excentricidades de los genios, usted tiene el capricho de contar con un elevado sueldo, prestigio social y un trabajo en el que se le mime y se le permita libertad creativa. En ese caso es bastante probable que acabe trabajando en alguno de los centros de desarrollo de las grandes empresas de Internet en Silicon Valley. Como Googleplex, que está más cerca de ser un parque temático que una oficina.

Casi todo este lujo lo paga la publicidad online, que ha sido el gran motor de Internet. La publicidad como modelo de negocio proporciona mucha flexibilidad y libertad de movimientos. Las cosas digitales (un contenido, un software) tienen un coste inicial, pero una vez hechas, no se desgastan, no cuesta copiarlas, y pueden ponerse en cualquier sitio al momento gracias a Internet. Por tanto, con publicidad se puede monetizar cualquier aplicación o contenido simplemente con atraer a los usuarios, sin necesidad de facturar directamente.

La teoría dice que, como estamos en un mercado global, saldrán los números con tal de que se capte un mínimo porcentaje de la atención mundial. La práctica dice que eso es cierto pero no siempre democrático. Unos se forran y otros languidecen. Son muchos sitios en Internet compitiendo por los ojos (los “eyeballs”), por su número y por el tiempo que pasan. Las dos fórmulas que han tenido más éxito hasta el momento son ofrecer búsquedas personalizadas o plataformas de interacción social. Si crece más lo primero, Google, la mayor “agencia de viajes” de Internet, gana. Si crece más lo segundo, Facebook, el mayor club de amigos de Internet, gana.

Gracias a sus ingenieros, no existen empresas con más capacidad de innovación que las del sector internet-anunciante. Sin embargo, han topado con una coalición de tecnologías infranqueable: el televisor y el sofá. El homo sedentis dedica en promedio la inexplicable cantidad de 3 horas y 20minutos al día a ver la televisión, una hora más en España, casi dos más en EE.UU. Toda la interactividad de Internet aún no ha conseguido acceder a ese filón publicitario, si bien avanza posiciones.

Podría parecer que los brillantes ingenieros de Silicon Valley se afanan también en cosas distintas que en arrancar minutos al televisor mediante la ingeniería social. Por ejemplo, aparecen coches que se conducen solos o gafas de realidad aumentada. ¿Saldrán de ahí las innovaciones que harán la vida más llevadera a un mundo superpoblado y envejecido que se encamina a restricciones energéticas y de recursos? ¿Ofrecerá Silicon Valley pan además de circo?

Cuando se inventó la televisión se pensó que sustituiría a las aulas, no en los realities. Me temo que algo parecido ocurre en el mundo digital. Por ejemplo, llevamos en nuestros bolsillos máquinas que tienen entre cien mil y un millón de veces la capacidad del ordenador que en 1969 usó el Apolo XI para llegar a la luna. La diferencia es que nosotros las usamos para matar virtualmente cerdos lanzando pájaros con una elegante trayectoria parabólica.

Los mimados ingenieros de estas empresas son tramoyistas en un mundo muy parecido al del espectáculo. En lugar de espejos, grúas y otros artefactos, diseñan y manejan servicios gratuitos que atraigan a más espectadores o analizan datos para mejorar la precisión de los mensajes publicitarios. La publicidad ha resultado perfecta para expandir la Internet de ayer, pero parece inadecuada para dos grandes retos de la economía, si no de la humanidad, que no van a poder afrontarse sin fricción local:

  • Uno es a medio plazo, y es avanzar en revoluciones científicas muy prometedoras alrededor de la nanotecnología, la bioingeniería, los nuevos materiales, etc. Es previsible que mucho capital (y por tanto, talento) sea atraído por ellas y por su despliegue. Atención a las nuevas burbujas.
  • Otro es inmediato. Con la movilidad  y los nuevos modelos de negocio la expansión digital entra en otra fase. “Todo negocio no digital tiene una bala digital con su  nombre escrito en ella”. Se está cumpliendo lo que predicen los teóricos sobre las renovaciones tecnológicas, como la venezolana Carlota Pérez: se pasa a la fase de interiorización y de cambio de paradigma económico. Hay sectores como la sanidad o la educación (que conjuntamente superan el 20% del PIB mundial), los pagos, la administración, la logística, la distribución de energía y agua… que tienen pendientes radicales transformaciones digitales.

Es previsible que en los próximos años veamos como lo digital crea posibilidades con más impacto en la economía y mucho más relevantes para las personas. Lo virtual será más real. La publicidad, que es en conjunto sólo un 0,6% del PIB mundial, y con su ADN que le hace tender a lo frívolo y lo remoto, se queda pequeña ante este reto. El talento de los mejores inventores del mundo migrará de nuevo, y ojalá lo haga a tiempo.

Publicado en http://blogthinkbig.com/el-circo-del-bit-ultimas-funciones/

Publicado el 25 septiembre 2012 en 2T | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)

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Reinventar la Gestión Pública (2) Políticos vs burócratas


Problemas internosPersonajes de espaldas a un colapso evitable

El colapso de la Torre de Babel era la analogía que empleaba en el post anterior para ilustrar los problemas y los vicios de la gestión pública y sus peculiaridades respecto a la empresarial.

El maravilloso cuadro de Bruegel plantea mediante sutiles indicios que detrás del desplome de ese gran proyecto administrativo en el que se afanan miles de figuritas no estaba el rayo divino sino causas internas: objetivos no realistas o sectarios, estrategias  aplicadas mecánicamente y sin cuestionarse, descuidos en la ejecución. En definitiva, mala gestión.

El genio de Bruegel quiso profundizar aún más. Una dinámica organizacional pervertida parece ser la causa última, no simple incompetencia. El cuadro es de 1563, pero la escena de primer plano puede ser actual. Repasemos a los personajes y busquemos analogías. Quizá Bruegel nos está lanzando un mensaje a través de los siglos.

 

La visita del señor al lugar de trabajo. La insoportable levedad del dirigente público

Visita del señorEl señor, cargado de los símbolos de su poder y rodeado de guardia, realiza una visita de inspección a la obra. Le rodean acólitos (la guardia) y altos cargos, como en cualquier visita oficial. Sólo se echan de menos las cámaras que cubren el evento. Los trabajadores son parte del espectáculo.

Si alguien del grupo mirara a la torre a esa distancia, podría ver los problemas como los vemos nosotros. Pero nadie parece interesado, todos miran al señor en su visita. Lamentablemente, él también ignora el estado de la torre.

Obras como la torre de Babel duran generaciones. El señor que hoy la visita no inició la obra, y no la verá terminar. No muy diferente a los cargos de designación política que toman responsabilidad temporal de proyectos e instituciones - en nuestro país, esta escena tendrá réplicas en pocas semanas. Las grandes transformaciones y proyectos son típicos en la gestión pública y no raros en la privada (por ejemplo, IBM necesitó 10 años para crear la serie 360 de ordenadores). El contraste surge porque un líder empresarial sí puede estar a cargo ese tiempo o preparar un sucesor, o un bloque directivo permanecer relativamente estable. Pero nuestro “señor” está de visita, ni vive a pie de obra, ni su siguiente cargo dependerá de su avance, y lo poco que sabe de su sucesor es que es de suponer sea un enemigo, o peor, ¡un rival!.

Pies El dirigente político de una empresa o institución pública está sólo implicado, el directivo privado suele estar comprometido. Es como lo de la gallinita y el cerdito ante un plato de huevos fritos con chorizo. O quizá en este caso convendría decir “gallo”, animal aún menos implicado con la suerte de los huevos y más gritón y consciente de su dignidad. Fíjense en los pies del señor, ¡parece que no le llegan al suelo!. Así es su levedad y la superficialidad de su implicación.

Ambos factores (temporalidad, dependencia política) hacen que el señor/político esté menos pendiente del proyecto que en apariencia dirige (la torre) que de su imagen. Lo que debería ser actividad, se convierte en actuación. Es apropiada esta cita de Churchill: "El problema de nuestra época consiste en que sus hombres no quieren ser útiles sino importantes"

 Y ese no es el peor escenario: podría ser que utilizara el proyecto o sus recursos de forma instrumental para sus objetivos políticos. Quiero decir, en esos tiempos, en la antigüedad, que había mucha menos vergüenza. Artistas como Bruegel -lo hace también en otros cuadros- recurren a la antigüedad para criticar veladamente los modos del poder y a la vez evitar ser dehollados. (Ahora funciona justo al revés, lo que es mucho más conveniente y limpio: te subvencionan por criticar el pasado para disculpar el presente.)

Una pequeña anotación: pienso que son inmensísima mayoría las personas que se dedican a la política de forma honrada y entregada. Pero menos los que añaden a estas cualidades las que se necesiten para ascender en los principales partidos y las también necesarias capacidades de gestión. Y muchos menos los que consiguen ejercerlas con éxito comparable al de las mejores referencias de la gestión privada frente a la presión de un sistema que con los años se ha ido viciando.

Por ejemplo, tanto la prensa de hoy como los pintores de ayer no se enfocan en la gestión real si no en la teatralidad, y sea por segmentar la audiencia, por simplificar o por mera manutención, no suelen ser 100% independientes. En nuestros días, en lugar de investigación o seguimiento estructurado tenemos realities de refriega política, datos sueltos con esteroides y un bonito género artístico de la placa y el corte del cinta.  

Antes de reprochar nada a la prensa, recordemos que como todo negocio está sujeto a las leyes de la demanda. Los dirigentes empresariales publican cuentas y datos operativos trimestrales. Un accionista demuestra más interés en saber que un ciudadano, aunque se juega menos. Es la desidia ciudadana la que permite esa escasa transparencia administrativa y el tratamiento superficial de los medios. Además, el entramado institucional es complejo, los logros públicos suelen exigir acciones coordinadas, con lo que eludir responsabilidades o atribuirse los raros logros es sencillo para el político hábil, que rara vez rinde cuentas por su gestión. Si la cosa se pone fea, abre el frasco de la ideología y la cosa queda en tablas.

 

Militares y altos cargos. Las invasiones bárbaras: políticos vs burócratas

El señor no se mueve sin su vistosa guardia, que entran en escena de perdonavidas. Los hombres armados tienen el poder. En una democracia, este poder está gestionado por organizaciones políticas que se alternan. Esos militares, que “militan”, son el respaldo del poder del señor. Esta partida son su "partido", hagamos la analogía. Están orgullosos, se ve en sus caras. Han ganado. Se adivina un sistema de clientelismo. Imaginemos que los señores se eligen en batallas regulares. Como decía antes, quizá está es la primera visita del señor a esta parte de sus dominios, una visita de inspección del máximo dirigente público, que es político y tiene doble agenda.

ChoquecivilizacionesOtros dos personajes próximos y algunos al fondo, de apariencia noble, no están armados. Son los visitados, los administradores responsables de la obra. Estaban allí antes de que el señor fuera elegido. Pueden ser cargos de la carrera administrativa. Burócratas.

La escena que rodea al señor representa una batalla épica y soterrada, la que enfrenta a políticos y burócratas. Dos legitimidades cara a cara: la de lo público, la de lo profesional. Politikong contra Funcionaurius. La guardia está relajada, el señor es de los suyos. Pero los burócratas están tensos. Hay algo llamativo. Un cargo o noble parece romper el protocolo, atraviesa la fila de la guardia e intenta hablar con el señor, con cara de preocupación. ¡Quizá hubiera osado interpelar al señor para hablar de los problemas de la torre!

AduladorPara desdicha del contribuyente, la atención del señor se dirige a otro, obeso y ricamente vestido, que no parece tener incentivos para denunciar lo que pasa y prefiere mostrarle la actitud servil de un grupo de subordinados. Escena contemporánea y no exclusiva de la Administración: un jefe presta más atención a los que le muestran sumisión que a los que trabajan. Éste es quizá el nudo gordiano que Bruegel identifica, el problema de base. La torre crece condenada al fracaso, absorbiendo esfuerzos inútiles, porque nadie se preocupa de la torre si no del juego político y mantener vivas las rutinas y expectativas burocráticas. Ese cortar los flujos ascendentes de malas noticias, o simplemente de noticias que desafíen la "sabiduría convencional", es la principal receta del fracaso.

En las Analectas de Confucio hay un pasaje significativo (a ver si alguien piensa que esto son cosas modernas o ideas mías):

"-¿Hay alguna frase -continuó el Duque,- por la cual un país puede ser arruinado? Confucio respondió:-No puede residir tal poder en una sola frase. Pero hay un dicho: «No hay mayor placer en gobernar, que ver que nadie se opone a mi voluntad». Si la voluntad del reyes buena, y nada se le opone, todo va bien; pero si no es buena y tiene un poder absoluto, ¿no ha conseguido arruinar a su nación con una sola frase?"

En fin, el señor llega con sus armiños y cetros a la obra, victorioso tras una campaña política, y posiblemente sugiera cambios rápidos que dejen su impronta o acrecienten su fama en el campo político -que es el que le importa - antes de que llegue el próximo señor. Los veteranos burócratas le explican con cara de resignación que los cambios son imposibles, ilegales o que ya se intentaron sin éxito ocasionando la caída del anterior señor. O peor, callan servilmente pero nada ocurre. El señor se enoja con los burócratas que a partir de entonces tratarán con su guardia de veinteañeros y recibirá únicamente a los aduladores. Antes de un año, el señor se resignará a no obtener cambios radicales y empezará a preocuparse de su futuro personal. Todos convendrán que las limitaciones son heredadas, o que recaen aguas arriba, en los presupuestos u otros organismos, o aguas abajo, en los mandos medios y trabajadores. Y a partir de ese momento, o bien justificarán que éste es el mejor de los mundos posibles, o bien, si sigue llegando dinero, subcontratarán a terceros o mejor, montarán alegremente una entidad pública paralela con su logo y todo.

Sin un contrapoder ciudadano (desidia y poca sociedad civil), institucional (todos los órganos son del mismo "holding", no hay sana competencia privada) ni mediático, ocurrirá lo que dice Confucio: el señor tendrá "el placer de no ver que nadie se oponga su voluntad". La complacencia es absoluta y el rumbo de colisión con la realidad habrá sido programado.

No creamos que el señor tiene el poder absoluto. Pese  toda la pompa que le rodea, sabe que sin los expertos y la organización no es nadie. En una compañía privada el CEO puede cambiar la estructura, incorporar nuevo talento, iniciar programas de formación o premiar resultados casi a voluntad. El señor, aún si tuviera voluntad de cambio, está limitado por presupuestos rígidos y rutinas administrativas inamovibles. Tiene menos tiempo y menos poder efectivo que un líder empresarial, y en un buen número de casos (no lo olvidemos) menos aptitudes. Sí, en cambio, tienen atributos de talento político y de liderazgo. El problema es que ese liderazgo se dirige a la guardia (sus partidarios en el partido) no a los nuevos subordinados en su empleo temporal. La empresa privada tiene ejemplos de transformaciones radicales exitosas, pero siempre han partido de un liderazgo y compromiso excepcionales.

Por otro lado, si la política gusta de llamarse a sí misma como “el arte de lo posible”, la burocracia puede llegar a ser “el arte de hacer imposible lo posible”. Con objetivos variables cada cuatro o menos años, la organización burocrática ha sabido también inmunizarse contra los cambios políticos. La protección del puesto es primordial y los trucos que se emplean han sido perfeccionados desde que los faraones discutían con las organizaciones sacerdotales.

Políticos y burócratas se necesitan mutuamente, pero su interlocución es difícil y menos aún su colaboración para el provecho común. Por cultura (y selección natural), el político tiende a ser narcisista, optimista hasta el delirio, amante de seguir sus grandes intuiciones sabiendo que con el tiempo sabrá vestirlas de argumentos. En cambio, el mando burócrata ha sublimado su ego hasta hacerse indistinguible con la silla, viste discretamente, odia la atención, es pesimista patológico y favorece la parálisis por el análisis. Quizá la principal diferencia es que el político es un tipo al que tomar riesgos le ha ido bien y que se cree iluminado por la suerte y el don del carisma, mientras que el burócrata odia el riesgo y confía en el callado don de la perseverancia ante los errores y las jubilaciones de otros que van liberando sillas. La metáfora de Babel como “confusión de lenguas” tiene aquí su mejor aplicación.

Por tanto, sería equivocado pensar que sólo el político es el culpable de la inacción burocrática. Una “tecnocracia pura” que prescinde de la política, es sospechosa, porque la política y el poder siempre existen. Los retos de la sociedad no se resuelven con una ecuación. La torre no se hubiera imaginado ni hubiera conseguido apoyos si no encarnara una aspiración colectiva, y eso es reino de la política. El talento político es necesario para gestionar la inevitable complejidad de propósitos de las distintas instituciones y grupos de interés. Otra cuestión es que haya tiempos en que la la política (o ciertos partidos) haya desbalanceado el sistema a su favor y éste deba reequilibrarse.Descansadores

Podemos imaginar en los rostros de esa escena del cuadro las dificultades de comunicación, el servilismo, las imprecisiones, el miedo que impide la transparencia, la dificultad de obtener guía del líder y su poca disposición para cambiar su opinión. Esa caja negra, que une la política y la administración, no está siendo eficaz para prevenir los problemas de la torre. En Babel y en España, la necesidad de mejor gestión es clamorosa. El resultado de este combate suele ser tablas, todo sigue igual y nadie busca “lograr” u “optimizar” sino “justificarse”. Si en algo están de acuerdo, es en que la innovación no incremental puede hacer peligrar las carreras de ambos estamentos.

Este triste panorama de bloqueo y mezquindad permanece razonablemente oculto cuando los fondos fluyen y los puestos crecen, los logros se obtienen por desbordamiento y nadie te mide por las oportunidades perdidas. Pero cuando baja la marea se sabe quién nadaba sin bañador. La crisis es una oportunidad para la reinvención de lo público que nuestro tiempo requiere, porque puede ajustar mejor la imagen a las realidades para poder tomar decisiones, y romper ese pernicioso bloqueo de la innovación y el cambio que surge de ese involuntario enroque entre burócratas y políticos. 

 

Trabajadores en la obra. Como los pimientos de padrón, unos pican y otros no.

TjoAunque la clave de los problemas es la escena central. Bruegel nos reserva el primer plano para los trabajadores. Parece querer resaltar al observador que su dedicación es la que realmente hace posible esta y cualquier obra. Recuerda los versos de Bertold Brecht: "¿Quién construyó Tebas, la de las siete puertas? En los libros figuran los nombres de los reyes. ¿Arrastraron los reyes los bloques de piedra? "

Pero hay dos grupos de trabajadores. Unos pican la piedra, como las multitudes que vemos que se afanan sobre la torre. Otros simplemente optan por reverenciar al nuevo señor, aparentemente por indicación del burócrata más orondo. Eso sabemos de la Administración. Los empleados públicos rara vez sufren o se benefician de su desempeño. También hay multitud de entes públicos o semipúblicos con una lógica clientelar importante.

Hacer y no pensar es una tentación para el funcionario, como lo es ocultar las capacidades. Fijémonos en las caras del grupo que se arrodilla. En sus caras hay miedo. Sabemos de los campos de algodón y de exterminio que dosificar los esfuerzos y ser indistinguible fue crítico para sobrevivir. Es la lógica del banco de peces ante los depredadores.

AdoradorPor eso es meritorio el grupo de trabajadores a la izquierda, que parece trabajar a gusto y estar libres de todo cinismo burocrático. Sonríen. Son los personajes más felices de todo el cuadro. Recuerda la conocida parábola del hombre que se cruzaba con trabajadores que lamentaban su suerte y describían su trabajo en términos puntuales (“llevar esta piedra”) o rutinarios (“construir este muro”), y termina encontrando a uno que feliz, confiesa que “está contruyendo una catedral”. Sin embargo, creo que Bruegel tiene una explicación aún más completa del secreto de estos trabajadores. Quizá Bruegel no sólo identifica el problema, si no la solución. Llegamos a mi personaje favorito.


El hombre del gorro rojo

El hombre del gorro rojo parece ser un maestro de obra. Frente a los que se amargan o los que simplemente hacen silla hasta llegar a fin de mes, el grupo que lidera el hombre del gorro rojo ha sabido automotivarse. El hombre dirige, pero también está preparado con su palanca para ayudar. No dirige desde arriba ni desde delante, dirige desde detrás, facilitando y animando.

GorroSin incentivos materiales ni de prestigio, el potencial de los profesionales de la función pública se agosta. El cinismo se apodera de la organización. La solución pasa por el “empowerment” (o “empoderamiento”), por dejar que los gestores intermedios gestionen y lideren, más allá del mecanicismo de la gestión tradicional. Lo que debe caer en cascada son las prioridades, criterios y estrategias, no las “instrucciones”. La organización debe aprender y tener iniciativa, no sólo ejecutar.

Es frecuente asimilar a la Administración como una máquina, con enmarañadas regulaciones y rutinas que hacen difícil su programación y lenta su ejecución. Eso es lo que tratan que creamos tanto los enemigos del cambio como los que quieren justificar "administraciones" paralelas y duplicidades a nuestra costa. 

La metáfora es errónea. El error está en confundir “complicado” con lo que es en realidad: “complejo”. La función pública se apoya en sistemas humanos, depende de una constelación de organismos y debe responder a múltiples objetivos. Si embargo, es más flexible y más horizontal y relacionada con el entorno de lo que se cree, y la disrupción puede surgir de dentro si cambian las expectativas. No es necesario hacer paralelos al sistema ni resignarse.

Bruegel lo ha visto como lo vio la industria japonesa cuando construyó su época de liderazgo empresarial a costa de la norteamericana: no hay ningún sustituto a la dedicación humana. Más hombres del gorro rojo mejoran la experiencia y el desempeño de los trabajadores en lo público y en lo privado. En esta transformación, la gestión empresarial tiene mucho que aportar. Algunos procesos de la organización deberían adaptarse: las forma de selección (que contemplaran las actitudes), la implantación de la estrategia (más centrada en guiar que en planificar), el fomento de una conciencia de equipo y de responsabilidad, la movilidad, la digitalización y la gestión del conocimiento, las palancas (medición y premio del desempeño)...

Si hay que resumirlo en una palabra, lo que la gestión pública necesita es “vida”. El hombre del gorro rojo es el más vital de todo el cuadro, y su energía activa la de otros. Un intraemprendedor, un líder dedicado y responsable, ajeno a la política y comprometido con los resultados.

 

Algunas conclusiones

La Torre de Babel de Bruegel es una obra maravillosa. Esto ha sido sólo una interpretación imaginativa (quizá Bruegel tuviera en mente el problema de la salvación y los errores de la curia romana), pero que sugiere algunas lecciones para mejorar la gestión pública:

− En proyectos grandes y complejos como los públicos, no importan los recursos o cuánto o qué bueno sea el trabajo de muchos: todo puede perderse por falta de visión y de compromiso, y ambos implican seguir la realidad sin sesgos y saber rectificar.

− Hay que encontrar el punto dulce entre administración y política. De su juego surge el progreso y el beneficio común, no de primar una. Los líderes han de combinar capacidades de gestión (donde la referencia en mejores prácticas es la empresa privada) y políticas (para garantizar recursos, enfoque en objetivos y alineamiento con otros órganos) 

− Hay buena y mala administración, y buena y mala política. Tanto política como administración requieren individuos que puedan juzgar por sí mismos y estén preparados para asumir y delegar responsabilidades. Los intereses de colectivos concretos (partitocracia, burocracia) llevan al esfuerzo general inútil (si no al colapso), en un típico “dilema del prisionero”. Los resultados de la modernización serán efectivos sólo si se regeneran ambas en paralelo. Sea cual sea la solución, tiene que pasar por la responsabilidad de las personas.

 − Estas dos regeneraciones necesarias: la política y la administrativa, son en último término responsabilidad de la atención, voz y voto de los ciudadanos. Tendremos la gestión pública que creamos que es posible. "Público" significa tanto "del pueblo" como "sabido por todos". Por tanto, superar la paleoadministración requiere de nuestra parte implicación y exigir transparencia. 

 

 

 

 

Publicado el 11 diciembre 2011 en 2T, gestión pública, paistrategia | Enlace permanente | Comentarios (4) | TrackBack (0)

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Reinventar la Gestión Pública (1) La referencia empresarial

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La imagen de la Torre de Babel es sugerente y fácil de asociar con nuestra crisis. Una crisis que no es sólo económica (externa), sino institucional y de gestión pública (interna). Una torre eterna de ladrillo que se colapsa recuerda la burbuja inmobiliaria.  Una espiral creciente de al menos 5 pisos es buena representación de la inflación y solapamiento de niveles administrativos que sufrimos en España, de la UE a los microayuntamientos pasando por las diputaciones. Una torre en Babilonia puede ser el equivalente a un aeropuerto en Ciudad Real. La confusión de lenguas, del atronador y estéril diálogo de sordos entre nuestros principales partidos, autonomías e instituciones, muy capaces de olvidar al ciudadano como hoy ocurre con el debate de la asistencia sanitaria entre CC.AA. La confusión ampara la opacidad y ésta los casos de corrupción, ineptitud y despilfarro. Ese es el panorama a regenerar en España, el colapso de nuestra torre de Babel. Las cosas no ocurren por casualidad y no se van a arreglar por casualidad.

Pero muchos disentirán y pensarán que la culpa es sólo del rayo o viento divino que en la mayoría de los cuadros fulmina la torre y causa desconcierto. Se nos dice que si no fuera por el dios de los mercados, esa gran conspiración contra los ciudadanos, todo seguiría bien. Lamentablemente, y no negando que las reglas de juego de los mercados merecen reflexión, aquí actúan como una fuerza reguladora que llega -tarde pues no son perfectos - a la cita inevitable de soplar el castillo de naipes de la “exuberancia irracional” . A propósito, un factor curioso es que la construcción de edificios altos (1) parece ser un importante indicador de esa desmesura que precede las depresiones económicas, y como ya me temía en 2005, la nuestra tenía que llegar.

Babel-brueghelPor eso, y aunque la historia de la torre de Babel ha sido representada por pintores de todas las épocas, yo tengo un favorito: Brueghel. El creó la interpretación más profunda y humana del tema. En este cuadro no son causas sobrenaturales o únicamente externas las causantes del problema, sino también administrativas.  (Por si hubiera alguna duda, hay una "escena" de la organización en primer plano del cuadro, que ya comentaré en otro post.)

Mirando con atención el cuadro, es fácil percatarse de que la torre de Babel, ese gran proyecto público, estaba condenado viniera o no el "rayo divino" porque:

  1. Los objetivos no eran realistas, por dos motivos: (a) No puede llegarse al cielo, aunque el progreso continuo de la espiral aparente el efecto de no haber límites. La torre es un símbolo de la desmesura. (b) No tenían en cuenta a todos los “stakeholders”. En concreto, faltaba Dios.
  2. Los supuestos de la estrategia estaban equivocados: en una construcción convencional los muros son perpendiculares al suelo. Aquí, con el suelo crecientemente inclinado, esa misma idea los hace inestables y puede verse que algunos arcos ya se aplastaron en los pisos superiores.
  3. La ejecución era mediocre: no se esperó a completar algunos cimientos y partes de la base, como se ve a la izquierda, lo que pone en peligro toda la construcción.

Suena familiar ¿no? Objetivos, estrategia y ejecución deficientes son la causa de la mayor parte de los fracasos de cualquier tipo de proyecto. Tanto públicos como empresariales.

Como fuente de ideas de mejora, mi inclinación natural es recurrir a la estrategia empresarial. Es en lo que trabajo y además lo enseño. Tengo un martillo y veo clavos. Sería sencillo hacer un listado de recetas empresariales y sugerir ponerlas en marcha de forma independiente. Por ejemplo, poner incentivos a todos los funcionarios, implantar una nueva generación de sistemas de información o establecer programas de mejora de la calidad basados en reducir los defectos... Abundan gurús y literatura.

Sin embargo, y aunque estoy convencido de que el pensamiento empresarial tiene mucho que aportar a la función pública, sería simplista sugerir tratamientos parciales basado en síntomas, sin entender las claves que hacen a la gestión pública “otra especie”. No funciona el copia-pega.  Lograr eficacia y eficiencia en la gestión pública implica reconocer retos característicos. Si se quiere salir de la inercia, es importante no olvidar esto.

¿De dónde procede esa complejidad añadida? Yo no soy ningún experto en Administración Pública, aunque soy cliente desde hace mucho. Sin embargo, haciendo un paralelo con la gestión empresarial me parece encontrar algunas diferencias relevantes en cada una de las piezas de la gestión estrategica: objetivos, estrategia e implantación de la estrategia.

 

Los objetivos son más complejos y ambiguos:

Los objetivos privados son más sencillos y medibles, porque suelen ser variantes de la misma historia: alguien quiere ver cuánto crece su dinero vendiendo cosas más caras que lo que cuesta hacerlas. Hay toda una ciencia financiera al servicio de ver cómo va eso. También hay ciencias ocultas, pero esa es otra historia.

Los objetivos públicos suelen responder a intereses muy diversos, que son más conciliables con la palabra que con la acción. Una vez llegado al puesto se intenta contentar a todos y se hace poco.

Es difícil asociar medidas los objetivos. Pero por si acaso, la escasa transparencia administrativa tiende a evitar toda posibilidad de control externo. Además, la frecuente necesidad de colaboración con otros entes públicos facilita el camuflaje.

 

 A las estrategias suele dedicarse poca atención:

Los directivos empresariales pueden cambiar de estrategia sin parecer traidores a la causa. No les siguen prensa, acólitos ni hemerotecas. ¡Existe la posibilidad de que los hechos les hagan cambiar de opinión!

Por tanto, las tonterías son más pegajosas en la Administración pública que en la competencia privada. Si bien nadie asegura que una tontería no sea reemplazada por otra más dañina, algunos ejecutivos aprenden y otros les copian sin pudor, lo que a la larga ha demostrado que es eficiente.

 

Los mandatarios públicos se aferran a sus tonterías cual percebes (2), y claro, así no hay quien aprenda ni quien se ponga de acuerdo.El dogmatismo es mal compañero del aprendizaje y sin entender (o sin comunicar lo que se entiende) no hay estrategia.

Otro factor es que los resultados sociales suelen verse muy tarde, incluso después de la legislatura, lo que es un buen relajante muscular y mental. Casi tanto como el monopolio con el que se ejerce el poder en ese periodo. Es decir, la estrategia tiende a tomarse mucho menos en serio que en el sector privado.

 

 

 La ejecución eficaz es difícil si no está claro qué hacer y no hay implicación

Los objetivos y las estrategias de las empresas suelen caer en cascada a sus trabajadores.

Si bien con muchas imperfecciones, su carrera y salario suele ser influido por su eficacia

Los empleados públicos rara vez sufren o se benefician de las consecuencias de sus actos. En las oficinas decentes la máxima aspiración de los gestores tiende a ser permanecer en presupuesto (ni un euro más ni menos) y ajenos a grandes escándalos y desastres (3). Las políticas recientes, los recortes torpes, contribuyen a la desmotivación.

La falta de prioridades o estrategias claros y estables hace difícil la labor hasta de los héroes (que los hay y muchos) capaces de automotivarse dentro de organizaciones desmotivantes.

 

 16-latorreEn el tarot la carta de “la torre” (una torre atacada por un rayo) representa una etapa de shock, colapso y ruina económica. Es sin duda la carta que debería salirnos en este momento. Pero también señala una visión cíclica, la “destrucción repentina y purificadora de lo viejo” y de ahí viene una idea esperanzadora: “let’s not waste a good crisis”, este momento de "cuestionamiento de todo" debe ser el del inicio de la construcción mejores cimientos, no el de "esperar que pase la tormenta".

La crisis es una oportunidad de reinventar la función pública, de hacer desaparecer del sistema buen número de mezquindades e incentivos perversos, y de regenerar la Administración y devolverla el respeto que merece. Las empresa invertido muchos recursos y han cometido muchos errores antes de desarrollar con los años prácticas de gestión que deben ser tenidas en cuenta en esta tarea. España tiene grandes Escuelas de Negocio y eso es una fortaleza. Pero las administraciones no son "malas empresas", sus genes son diferentes. Comprendiendo las diferencias que añaden complejidad a los retos públicos, la gestión estratégica de las empresas puede ser una gran fuente de inspiración. 

 

 

(1) Ya Miguel Hernández decía: "¡Rascacielos!: ¡qué risa!: ¡rascaleches! ¡Qué presunción los manda hasta el retiro de Dios! ¿Cuándo será, Señor, que eches tanta soberbia abajo de un suspiro?".

(2)Es ilustrativo el brindis que dedicó el humorista Stephen Colbert a Bush en una cena de corresponsales de la Casa Blanca: “The greatest thing about this man is he’s steady. You know where he stands. He believes the same thing Wednesday that he believed on Monday—no matter what happened Tuesday.”.

(3) Viene a cuento una cita de “Mars Attacks”, de Tim Burton. El general Casey decía por teléfono, camino de la cita en la que recibiría a los alien que venían en son de paz, pero que le liquidarían...: “Hello? This is General Casey. I get to meet the Martian Ambassador! Ain't that great? Oh, it's a hell of an honor. But didn't I always tell you honey, if I just stayed in place and never spoke up, good things are bound to happen. Yeah... Ok”

Publicado el 01 diciembre 2011 en 2T | Enlace permanente | Comentarios (1) | TrackBack (0)

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El salvaje mundo digital

“El primer hombre al que, tras haber cercado un terreno, se le ocurrió decir ‘Esto es mío’ y encontró a gentes lo bastante simples como para hacerle caso, fue el verdadero fundador de la Sociedad Civil” ("Discursos sobre el origen y la desigualdad entre los hombres", Rousseau) .

Logo_shadowone Los enriquecimientos súbitos más llamativos de las últimas décadas no han venido de las guerras, las grandes exploraciones, el comercio habilidoso o el genio industrial. Vienen del software. No hace falta poner ejemplos. Este mito contemporáneo se ve reforzado por los mimos a los desarrolladores: Las instalaciones de Google y otras empresas de Internet, con masajistas, peluqueros, restauración selecta y hasta perros disponibles para pasear rivalizan con cualquier resort de lujo.

Otro campo de éxito es el de las aplicaciones. Este año se espera que los ingresos totales por aplicaciones se tripliquen respecto a 2010. El número de “smartphones” crece y las apps ya han dado el salto a otras pantallas como televisión, tablets o PCs. Hace unas semanas, en el Mobile World Congress de Barcelona, pude ver como más de 10.000 entusiasmados desarrolladores se agolpaban en los simpáticos stands de Android, madrugando y empujándose para conseguir la colección completa de pins del robot.

Las empresas que controlan las plataformas permiten que los desarrolladores de aplicaciones o “apps” se embolsen el 70% de los ingresos producidos por la aplicación. Como tantos estándares, este arreglo lo diseñó Apple, y posteriormente Nokia, Google, Facebook y otros sitios 2.0, operadores de telecomunicación, etc. Esta situación mejora la situación de los desarrolladores de videojuegos para Nintendo en los 80, que se llevaban menos del 40%. El futuro es prometedor para los desarrolladores

Al menos en apariencia. Sorprendentemente,  hay desarrolladores de la plataforma Android han decidido crear un sindicato. Inexplicable anacronismo. ¿De qué se queja esa gente? De desatención, de poca transparencia, de arbitrariedad, de contratos abusivos, de exigencia en participar en otros negocios, de malas herramientas para el desarrollo, de mala gestión, de favoritismos... Vamos, se quejan de que las plataformas son una especie de cortijo digital.

Los mundos digitales son novedosos y crean entornos de colaboración poco regulados. Eso, desde que el hombre es hombre, ha dado lugar a abusos. Los muchos y sustituibles son débiles ante quien tiene el poder de decisión y los recursos escasos.

En mi opinión, es sólo una de las consecuencias de algo que se puede llamar “sistema operativo del negocio digital”, que acaba embebiendo todos los negocios alrededor de Internet, del software o de las telecomunicaciones. Lo digital es global, fluido, interconectado, abierto, fácilmente replicable... atributos que conforman un terreno de juego novedoso y agresivo. Sobre todo cuando se enfrentan las empresas con aspiraciones de monopolio mundial.

Se me ocurren algunas ideas sueltas y poco meditadas para explicar la dureza del juego este nuevo mundo que se está formando, y que aún no hemos comprendido plenamente. Yo por lo menos, no:

  • Efecto salvaje oeste: No hay usos, la regulación no está desarrollada o no aplica en entornos internacionales. El que puede poner las reglas, las explota en un régimen feudal. El entorno es “abierto” pero no siempre "justo", como ilustra este post de Andreas Constantinou, a quien conocí recientemente.
  • Economía en red y ley de Metcalf. El valor de una red se incrementa en proporción al cuadrado de sus conexiones, eso hace que los nodos más poderosos tiendan a serlo cada vez más. Los negocios en Internet tienden al monopolio. Todos lo saben y la lucha entre los mayores es salvaje. Como en Los Inmortales, "sólo puede quedar uno".
  • Internet, hoy por hoy, evita los intermediarios (o tiende a dejar sólo uno para cada modelo de negocio). Aunque las cadenas de intermediarios no tienen buena prensa, lo cierto es que pueden funcionar de buffer o de negociadores, dulcificando las relaciones.
  • “Long tail economics”. En la Appstore de Apple hay cientos de miles de aplicaciones. Hay un gran premio para los líderes, pero la mayoría reciben escasas descargas. En ese sentido el mercado de desarrollo de Apps es similar al de los que se presentan a Operación Triunfo o al de los traficantes de crack. En Facebook, solo una empresa, Zynga, supone el 28% de toda la actividad, las tres siguientes, juntas, no alcanzan el 13%. El retorno medio de una aplicación es mucho menor que el coste de producirla. Hay mucho esfuerzo inútil, que, como decía Ortega y Gasset, conduce a la melancolía.
  • No empatía. Se dice que la guerra moderna ha aumentado en brutalidad gracias a la tecnología, que ha puesto distancia psicológica con la humanidad del enemigo. El operador de un misil no confraterniza con el enemigo. De igual modo, en el mundo digital no se ven los efectos directos de las acciones. Los afectados pueden ser competidores directos o indirectos, por ejemplo, los publicistas que se pusieron en huelga de hambre contra Google en China.
  • Allanar el terreno alrededor de uno mismo. Si hay que resumir la Historia del mundo en cuatro palabras, éstas serían “lucha por el control”. Internet no va a ser una excepción. Cuando es tan fácil que el negocio se deslice de un punto a otro de la red, los sitios tratan de aumentar su “pegajosidad”, lo que en sí no es malo, pero también intentan “destruir el posible control del enemigo”, haciendo su oferta menos atractiva (por ejemplo, regalando lo mismo). Mucho de lo “gratis” de Internet se debe precisamente al intento de hacer monopolio lo propio y “comoditizar” el resto. Google no es un “benefactor”, sino un desvalorizador de todo lo que pueda hacer sombra a su monopolio de búsqueda, sea un navegador, un sistema operativo móvil o cualquier servicio que compita con la atención de sus usuarios. La guerra es total y de tierra quemada.Y como dice el proverbio africano: "Cuando los elefantes luchan, es la hierba la que sufre": los pequeños también sufren.

Este es el entorno de la competencia digital, y hoy por hoy, no tiene indicios de ir a menos sino a más. Puede incluso pensarse que es: inevitable, creciente en intensidad y proclive a extenderse a otros sectores de actividad. Cada negocio no digital tiene una bala digital con su nombre grabado. Al fin y al cabo, la innovación del software supera a la innovación tradicional de muchas industrias, y las expone a Internet: la información se embebe, el modelo se expande.

Publicado el 08 marzo 2011 en 2T | Enlace permanente | Comentarios (7) | TrackBack (0)

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Las fases del cambio (2): "From the dream come the vision"

Hace dos post introducía un esquema para las “fases del cambio”, a partir de una  canción de Peter Gabriel. La primera estrofa era “From the pain come the dream” – el sentido de urgencia que impone el dolor (o la perspectiva de encontrarlo ) es el gran dinamizador que evita aferrarse al status quo. Guste o no, la satisfacción es la muerte, y la guerra y la supervivencia son periodos fructíferos en la innovación y el cambio. De hecho, se piensa que todo el progreso humano se activó cuando no se renunció aplicar las soluciones encontradas en los duros periodos glaciales a terrenos más fértiles.

Vayamos con la segunda: “From the dream come the vision”. Si alguien ha sido capaz de creer en algo mejor, éste es el momento de imaginarlo, de darle forma mental, para que más adelante pueda comunicarse o planificarse. En esta fase es donde mueren la mayor parte de los cambios, por lo que me detendré en sus peligros.

Los biólogos saben que en caso de amenaza, muchas especies, humanos incluidos, tienden a un estado de parálisis llamado “inmovilidad tónica”. Quizá sea por camuflarse mejor con el entorno, quizá por aumentar la posibilidad de sobrevivir a costa de un vecino más inquieto… Lamentablemente, esta estrategia no es válida para empresas: un depredador puede decidir irse a comer a otro sitio, pero los ingresos no vuelven espontáneamente.

Una conducta opuesta, pero también habitual en las presas amenazadas, es la agitación irreflexiva, que llamando la atención quizá consiga atemorizar o al menos disuadir al adversario. Pero, como el que se agita en arenas movedizas, puede ser un simple acelerador del fin. Un ejemplo: en la pasada crisis “puntocom”, muchas empresas tecnológicas luchaban por llamar la atención y no por buscar ingresos. En concreto, Computer.com dilapidó el 60% de su financiación (casi 6 millones de dólares) en 90 segundos de anuncio en la Super Bowl…

Ese es un primer enemigo para que progrese el cambio. La presión del “dolor” puede cegar y provocar reacción y no visión. No puede haber visión sin comprensión. Puede que también ocurra al revés. Decía Einstein que “una vez se ha reconocido un problema, el camino hacia su solución es una evidencia”. Quizá el mundo de las organizaciones sea menos pulcro que el de la física, pero es cierto que suele bastar que se comunique una “visión” convincente de un futuro mejor, para que las oportunidades, las estrategias y las energías surjan.

Ahora estamos sufriendo una crisis económica, y los buenos doctores han recetado cataplasmas y curas de eficiencia, lo que es muy razonable y permite el lucirse a los técnicos que conocen la máquina. Ahora bien, podríamos pedir algo más.

“Por lo que puedo deducir, «eficiencia» significa que debemos descubrirlo todo sobre una máquina, salvo para qué sirve. Ha prosperado en nuestro tiempo la más singular de las proposiciones: la suposición de que cuando las cosas van muy mal, necesitamos un hombre práctico. Sería más acertado decir que cuando las cosas van muy mal, necesitamos un hombre no práctico”.

La cita es de Chesterton, que reclama que aparezca un pensador, o incluso un chiflado, que tenga cierta doctrina sobre por qué las cosas no funcionan y de qué es lo que queremos. Suele ser común un olvido generalizado de aquello que los hombres pretendían cuando construyeron sus “máquinas”, sus instituciones. A veces no basta con engrasarlas. Alguien tiene que arrancar una cadena de inspiraciones. Sólo así se seguirá el camino de mayor oportunidad y no el de mayor familiaridad.

Ese es el segundo peligro, que se limitan las mentes. Suele tener buenos abogados.

El tercer peligro es creer que un sueño deseado con mucha fuerza equivale a una visión. Una visión es un proyecto, una propuesta, una forma de arrancar o una meta hacia el estado deseado. Puede ser el estado deseado, si es inspirador. El peligro es confundir deseo -estático- con visión – dinámica.

Por ejemplo, el éxito mediático y editorial “The secret” ha conseguido transmitir la idea de la “ley de la atracción”, según la cual “todo lo que pasa en la vida, tú lo atraes por las imágenes que mantienes en tu mente”. Una consecuencia es que para tener una vida feliz y exitosa, basta con visualizar tus deseos. Como autoridad, se utiliza entre otras hermosas citas del pasado una del ya mencionado Joseph Campbell – “sigue tus sueños y el Universo abrirá puertas donde antes sólo había muros”. Lo que ocurre es que la cita se emplea impropiamente: “seguir los sueños” no es “seguir soñando”, es algo más. “Seguir soñando” es no olvidar los sueños mientras se camina. Da igual que el Universo abra puertas si nadie anda.  “The Secret” es al éxito lo que la pulsera “PowerBalance” a la salud.

El realista debe seguir al idealista. Aunque se trate de la misma persona. Como decía Julio Cortázar, “las cosas invisibles necesitan encarnarse, si no, las ideas caen a tierra como las palomas muertas”.  No basta con quedarse en el “dream”. Nada cobra forma por sí solo.

URL corta: http://bit.ly/gTw6VC

Publicado el 18 febrero 2011 en 2T | Enlace permanente | Comentarios (3) | TrackBack (0)

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Acerca de la información en las organizaciones

 

El otro día tuve la oportunidad de resucitar a Aristóteles un rato y me comentó que estaba trabajando sobre un sexto elemento, paralelo al éter, que podríamos llamar información, que utilizaría para fundir sus obras sobre Física y Política. Éstas son unas ideas sobre la información en las organizaciones, que transmito con torpeza. Manda recuerdos a todos menos a Demóstenes. (Bueno, la historia no es cierta, pero puestos a mentir, por el mismo coste hagámoslo a lo grande). 

La primera inclinación natural de toda información que fluye en una organización es un perpetuo e incansable deseo de influir en las acciones, que sólo cesa con su muerte. Las formas habituales de muerte de la información son tres: si es joven, el borrado que las lleva al limbo; si es madura y virgen, el archivado físico que las lleva al purgatorio; si consiguió fecundar mentes, el infierno del olvido. 

La información influye en el curso de la acción si fecunda la mente de un determinado perfil de persona: el soñador que hace. Si no es así, la información sólo es útil como combustible o lubricante de procesos ya determinados. De entre todas las mentes, la que tiene más capacidad de hacer es la del que hace que otros hagan, y particularmente la del líder de la organización. Para ello ha de seguir un camino ascendente.

La información sufre notables fricciones, clasificables por su origen entre naturales y artificiales. Entre las naturales: Los mecanismos y formatos para el acceso no son siempre amigables. Ejecutivos y expertos están muy ocupados y constituyen cuellos de botella en su flujo. Existen sesgos mentales que hacen que la información que no encaja con la forma de pensar previa es fácilmente descartada, y la que sí, reforzada. Por otro lado, no siempre es fácil saber que es relevante. Todos ellos son procesos de fricción naturales que pueden paliarse pero no evitarse. 

Las fricciones artificiales se observan en particular sobre tres tipos de información importante en su camino ascendente: Las buenas ideas, las malas noticias y las diferencias de criterio. Las organizaciones sólo crecen si se ponen en práctica las primeras. Las organizaciones sólo sobreviven si llegan a tiempo las segundas. Las organizaciones están en riesgo si no se consideran las terceras. Estos tres tipos de información sufren no sólo riesgos naturales sino también artificiales.

Las organizaciones viven y mueren por sus ideas, pero varios factores agostan muchas buenas ideas: el temor de no ser bien recibidas lateralmente al poder provocar cambios en el status quo o simplemente diferencias de opinión, el temor a no ser bien recibidas verticalmente al poderse entender como intentos de soslayar la estructura o simplemente por añadir trabajo. También existe el temor de que otros obtengan todo el provecho o simplemente falta de seguridad en su valor. 

En resumen, comunicar una idea, como inversión personal, es arriesgado. Los costes y amenazas pueden hacerse realidad de forma inmediata, los beneficios deben esperar y los reconocimientos son inciertos. Por el lado del “pull”, hay otros factores: tradicionalmente, la competencia interna (que es incentivada) ha restringido la compartición de información. Esa cultura hace que en general, se menosprecie la información ampliamente accesible y se sospeche de la buena voluntad de las ideas ajenas. "Temo a los griegos, aún cuando traigan regalos", dijo alguien en Troya. Por otro lado, como la aspiración máxima de todo burócrata de corazón es estar siempre por encima de todo reproche, la tentación de evitar el riesgo disruptivo detoda buena idea implica es importante. 

La “eficiencia” mal entendida es otro enemigo. La información parece un adorno en la prosperidad, pero es una de las pocas vacunas de cierto éxito frente a la adversidad. Los cauces y procesos establecidos no suelen considerar que se produzcan ideas, sobre todo si son disruptivas, pues la mentalidad en vigor es la de empresa como “fábrica eficiente”. Los formatos de los reportes ascendentes suelen estar claramente definidos para evitar digresiones y pérdida del valioso tiempo directivo escuchando a los de abajo en vez de a gurús. Existen mecanismos que priorizan la información fácilmente aplicable a corto plazo, y descartan la de impacto a largo plazo o de uso sólo en cambio de circunstancias. Por otro lado, la información descendente está muy limitada de forma que los empleados no se descentren. 

Sin embargo, buena parte de esa eficiencia es ficticia, porque si bien restringe el tiempo dedicado a la información, aumenta las probabilidades de tener que “reinventar la rueda” en distintos puntos de la organización, o recurrir a caros terceros. Por otro lado, sobre todo en el caso de las malas noticias o las diferencias de opinión, el coste de no saber es mucho mayor que el de saber.

Malas noticias y diferencias de opinión sufren también grandes peripecias para llegar a la cima de la organización, que es siempre política. Su poca aficción al alpinismo se deba a que en las organizaciones todo lo que se diga puede ser utilizado en tu contra, pero no tienes derecho a un abogado de oficio. Como normalmente sí tienes derecho a guardar silencio, esto es lo que ocurre. Los tiranos se rodean de hombres malos porque les gusta ser adulados. Los inseguros se rodean de mediocres que siempre dicen sí. Como dijo cierto presidente, “si mi vicepresidente dicen siempre sí, uno de los dos sobra”. A propósito, bufones y consejeros áulicos son mecanismos históricos para paliar este problema, aunque no siempre han funcionado.

Aquí le comenté una línea del bufón en el Rey Lear de Shakespeare: “Ellas me quieren azotar si digo la verdad; tú quieres azotarme si miento; y a veces soy azotado por guardar silencio”. También hablé de que el experto en marketing Seth Godin propuso en su blog el nombramiento de un CON (chief-no-officer). Velaría de que nadie dijera ya “no” a una idea y todo quedara tal cual. Sólo el aprobaría los “noes”. Los romanos tenían tribunos que defendían al pueblo de la burocracia, pero los empleados no tienen una figura equivalente.

Aristóteles me explicó que los jefes persas optaban por emborracharse en grupo a la hora de tomar grandes decisiones, así ninguna divergencia quedaba oculta. Recordé que de modo menos festivo, el presidente de General Motors, Alfred Sloan, era conocido por posponer las decisiones si existía un consenso total "to give ourselves time to develop disagreement and perhaps gain some understanding of what the decision is all about."). 

Antes de dejarse caer de vuelta al inframundo por uno de los baches de la calle Barquillo de Madrid, Aristóteles concluyó con un pensamiento: De la misma forma que nunca podremos conocer el universo, ya que una de sus partes no puede ser más inteligente que el todo, nunca un sistema que es fruto de los hombres podrá ser más astuto que cierto porcentaje de los que lo sirven. Por tanto, burlar sus trampas no sólo no es un imposible, si no a veces una condición para la supervivencia de la organización.

 

Publicado el 24 enero 2011 en 2T | Enlace permanente | Comentarios (3) | TrackBack (0)

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Las fases del cambio

Peter_Gabriel_-_Us El cambio organizacional es un tema típico de la literatura empresarial. Muchos autores han tratado de definir el proceso típico por el que una organización experimenta una transformación que afecta a sus procesos y a su cultura. Sin embargo, la visión más perspicaz y universal que yo he encontrado no está en un libro de gestión. Se resume en cinco versos: los únicos del formidable aunque no muy comercial canción “Fourteen black paintings” del album “Us” de Peter Gabriel (1992).

“From the pain come the dream

From the dream come the vision

From the vision come the people

From the people come the power

From this power come the change”

Me detendré aquí en esta primera fase (“Del dolor viene el sueño”) porque es la etapa menos visible y quizá por ello la menos tratada. Quizá el título haga referencia a las 14 pinturas negras de Goya, aunque hay otras teorías. Si fuera así, pocas representaciones mejores del dolor.

La cuestión es que sin reto, sin dolor, los humanos no tienen necesidad de aspirar a nada mejor, no imaginan y por tanto no buscan el camino para alcanzar un sueño que aún no existe.

Las mayores oportunidades están en las necesidades no resueltas. En nuestra economía de abundancia, ha hecho falta un especial olfato para detectarlas, para sí o para los otros. Por ejemplo, la visión de Rockefeller de “deja que los pobres tengan luz barata”, le hizo rico. El origen de American Express está en las vicisitudes del propio fundador en un viaje. Hoy, muchos éxitos de Internet surgen de inquietudes de los creadores, que no encontraban las aplicaciones que necesitaban y optaron por desarrollarlas.

Sin embargo, en otros entornos no tan favorecidos, el “dolor” es más visible, y el riesgo de complacencia más limitado. Como dice el proverbio chino, “el campesino tendrá que esperar mucho tiempo en la ladera antes de que le caiga el pato asado en la boca”. La necesidad sin duda reduce la pasividad, y en algunos casos, aguza el ingenio.

Una visita casi obligada en Berlín es el “Checkpoint Charlie” Museum, donde entre otros objetos de la época de la “guerra fría”, se guardan originales y réplicas de algunas de las estratagemas que los alemanes del Este diseñaron para cruzar el telón de acero, con riesgo de su vida. Los inventos van desde el doble fondo en un VW escarabajo a la invención de un propulsor subacuático, que luego sería adoptado por Cousteau en sus expediciones.

Los que han intentado cruzar el muro tomaron una decisión en un momento concreto, en el que percibieron que la amenaza o la oportunidad era demasiado grande para eludir el esfuerzo y el riesgo. De igual modo, en toda organización hay un momento concreto en que alguien percibe la necesidad de cambio. Ya comentábamos que el héroe innovador suele requerir un acontecimiento dramático para iniciar su aventura. Si el que de la consciencia de la situación puede imaginar un estado factible ilusionante, podrá comunicar esta situación, y así lograr que todos los talentos y energías de la organización se enfoquen en encontrar la solución y hacerla realidad. El gran número de inventos asociados a la guerra y el conflicto, de la producción en serie (para la fabricación de fechas en la China antigua) al viaje espacial o la voz sobre IP, es otro ejemplo de la relación entre "dolor" e innovación.

Sin embargo, esta tensión no siempre se alcanza. El proceso de mejora y renovación puede verse interrumpido en origen. Los motivos suelen ser dos: la autocomplacencia y el desánimo. El primero impide percibir el dolor, el segundo soñar. Así ocurre, incluso, con las distintas civilizaciones. Pueden verse “detenidas”, como explicaba el historiador Toynbee, por un entorno demasiado hostil, como es el de los esquimales. Pero en otras ocasiones es el entorno demasiado benigno el que las frena, como en los países tropicales. Por tanto, la civilización se ha desarrollado en las regiones donde el entorno no era, ni demasiado benigno, ni demasiado hostil. Si no se percibe reto, no se produce respuesta. Pero si no se percibe oportunidad, tampoco.

Viene también a cuento la famosa parábola de la rana hervida: se supone que si se lanza una rana al agua hirviendo, es capaz de reaccionar y saltar. Pero si se calienta poco a poco su agua, acabará hervida sin ser consciente de ello.

Como indica la historia, el nivel de dolor que hace reaccionar de forma natural no es buen señalizador para ponerse en movimiento. Es necesario un órgano que vea más lejos, unas luces largas. La señal de dolor, como con la rana, puede llegar cuando ya no hay recursos para salir del atolladero. Incluidos los recursos humanos. Si no hay una presentación convincente del dolor futuro, es difícil que más adelante alguien sueñe y que otros se le unan. Si no se ha precocinado una solución imaginativa, la solución rápida es la dieta, y algunas no son saludables. Como dice Henry Mintzberg, “los reajustes consisten en que los que no saben lo que está pasando, despidan a los que sí saben lo que está pasando”.

Cuando la amenaza supone un cambio cualitativo, es fácil reaccionar. Pero cuando la degradación es lenta o se está generando en el exterior, es difícil tomar medidas.

Empresas que entran en la madurez y se maquillan en vez de renovarse. Negocios familiares que se degradan cuando quedan a cargo de generaciones que no han sufrido lo que el emprendedor que las creó. Sociedades que crean burbujas en lugar de crecimiento basado en bases reales. Las organizaciones caen en la complacencia con facilidad.

Hay enfermedades, adicciones, que transcurre así, inadvertidas, hasta que el cuerpo dice basta. Una empresa puede permanecer aturdida por los estímulos de la novedad, guiarse por un sistema de gestión imperfecto y cortoplacista, y no percibir las toxinas que va acumulando, o los flujos de renovación a los que se está cerrando. El dolor, presente o futuro, no es al final más que información sobre las amenazas, y las amenazas son el principal impulsor de los cambios.

Imagen | Portada del album Us de Peter Gabriel. Post publicado previamente en Innovadirectivos.

Publicado el 22 diciembre 2010 en 2T | Enlace permanente | Comentarios (2) | TrackBack (0)

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